Decimos que Dios es bueno todo el tiempo. Sin embargo, cuando Dios permanece en silencio ante nuestras oraciones, ¿sigue siendo bueno? ¿Qué tal cuando las cosas no suceden como las planeamos?, ¿será que sigue siendo bueno? O cuando somos diagnosticados con alguna terrible enfermedad, ¿será que aún podemos decir que Dios es bueno?
Bajo la penosa sombra de las dificultades, es posible que nuestra percepción de Dios se distorsione y lleguemos a pensar que Dios no es bueno. Sin embargo, déjame decirte querido amigo, que sí lo es.
Él siempre ha sido, es y será el mismo Dios. Su misericordia permanece para siempre, porque Él es eterno y nunca cambia. A veces, cuando Dios permanece en silencio ante nuestras oraciones, se nos hace difícil continuar orando, continuar asistiendo a la iglesia, y continuar estudiando su palabra. Hay quienes se desaniman tanto que dejan de orar, asistir a la iglesia, y estudiar la Biblia por completo.
¿Será que estamos adorando a Dios por lo que Él nos da? ¿O será que le adoramos por Quién es Él?
Tristemente, muchos de nosotros caemos en el error de adorar a Dios por lo que Él nos da (y me incluyo a mí misma). Eso pasa porque es muy fácil adorar a Dios cuando podemos sentirlo a nuestro lado, pero cuando nos sentimos solos es muy fácil pensar que Él no se preocupa por nosotros.
Pero si realmente conociéramos a Dios, y estuviéramos en sintonía con su esencia, nuestro amor hacia Él no cambiaría, aun cuando Él permanece en silencio.
Mi deseo en este día es que, a pesar de la dificultad y del desánimo, nuestra esperanza continúe arraigada en Dios. Que nuestra meta diaria sea permanecer fieles a Dios, así como Job, y que nuestro caminar con Dios se asemeje al de Enoc.
Te invito a que cada día cultives una relación personal con Dios. Porque es únicamente mediante una relación personal con Jesús, que realmente aprenderemos a adorarle; no solo por lo que nos da, sino también por Quién es Él.